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Collares de los tiempos de Altamira

El recorrido desde la cueva hasta la costa era frecuente para las personas que vivían en Altamira y en otras cuevas próximas o contemporáneas.  En los acantilados o en las rocas de las playas recogían abundantes moluscos, sobre todo lapas y caracolillos. Tras una jornada de trabajo en grupo podían volver al campamento bien aprovisionados de alimentos ricos en proteínas y minerales. De la arena de la playa recogían también conchas de moluscos ya muertos, con formas y colores atractivos, con los que creaban colgantes y collares. En los lugares del Paleolítico se encuentran abundantes conchas entre los restos cotidianos abandonados junto a las hogueras o entre los útiles y herramientas de los espacios cotidianos.

Collares de los tiempos de Altamira

En los lugares habitados durante el Paleolítico en la Cornisa Cantábrica se encuentran sobre todo conchas de Littorina obtusata y Trivia sp. Son Littorina sp las conchas que forman el espectacular collar encontrado en Bolinkoba (Abadiano, Bizkaia) de la primera fotografía, y son Trivia las que componen el segundo collar, combinadas con un diente de ciervo; este se encontró en Fuente del Salín (en Muñodorrodero, Cantabria), a unos diez metros de la entrada de la cueva, junto a una hoguera, debajo de unas manos pintadas sobre la roca, sopladas con un aerógrafo.

En la misma época, hace 25 000 años alguien dejó el collar de la tercera fotografía enterrado y cubierto con ocre en un abrigo rocoso en el oriente de Cantabria (Peña del Cuco, en Castro Urdiales); un lugar habitado durante el periodo Gravetiense. Con la combinación de conchas alargadas (Antalis sp) y redondas (Littorina obtusata), crean un ritmo estético, punto y raya,  para adornarse, para diferenciarse o para identificarse.

Los habitantes de Altamira fabricaron colgantes con dientes, huesos y conchas,  simplemente perforando un agujero en un extremo. En esta cueva fueron encontradas cinco conchas de vieira como la de la imagen, perforadas en la charnela, quizá conservadas por su tamaño y por su forma llamativa. Ahora, desde hace siglos, este tipo de conchas identifican a los peregrinos del Camino de Santiago de Compostela ¿A quién identificaron hace quince mil años?.

En el Museo de Altamira podéis contemplar todos estos collares y otros colgantes del Paleolítico. Para quienes nos visiten con niños proponemos recorrer la exposición “Los tiempos de Altamira” con el itinerario didáctico “Un regalo desde las aguas” que podéis descargar desde este enlace a nuestra web.

 

 

Comentarios

  • Carmen

    Es muy interesante comprobar cómo desde nuestros orígenes, ciertos objetos nos han resultado atractivos, pues hoy en día cuando caminamos por la playa seguimos encontrando atractivos estos elemtentos de la naturaleza para convertirlos en objetos de aderezo personal.

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