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Dos rostros de mujer

Poner cara a las personas del pasado remoto e imaginar su aspecto nos ayuda a comprender cómo éramos en el inicio de nuestra Historia.

Las personas de los tiempos de Altamira apenas se representaron a sí mismas, y en los grabados y esculturas que se conservan las figuras humanas poseen rostros muy esquemáticos. Probablemente las más famosas son las esculturas de mujeres, antes llamadas popularmente “venus paleolíticas”.

MdA esculturas paleolíticas

 

Conocemos figurillas femeninas del Paleolítico superior creadas por grupos de personas que vivieron en territorios comprendidos entre Siberia y la vertiente norte de los Pirineos. Son pequeñas esculturas de mujeres, pero también de niños y de hombres. Lejos de representar un ideal de belleza en el pasado, estas esculturas representan a mujeres jóvenes, adultas y ancianas, con cuerpos adolescentes o con cuerpos con caderas y senos muy marcados, algunas embarazadas. Estas mujeres aparecen vestidas con ropajes muy diferentes; las figurillas de Siberia aparecen cubiertas con monos de pieles, y en otras zonas de Europa con mínimos ropajes hechos de cordajes. En la mayoría de estas figuras aparece detallado el peinado, o bien la cabeza cubierta con un gorro. El elemento común a estas esculturas de mujer tan diferentes es que la gran mayoría aparece sin rostro, o en algún caso con los ojos simplemente marcados.

En el caso de estas dos figurillas de la imagen, las mujeres poseen rostros detallados que pudieron identificar a personas concretas o los rasgos característicos de alguna población.

El retrato más antiguo conocido hasta ahora es la pequeña escultura encontrada en el lugar de Dolní Vestonice en la región checa de Moravia. Es la escultura de una cabeza de mujer tallada hace unos 26000 años sobre marfil de mamut, del tamaño de un dedo pulgar.

Dolní Vestonice es un lugar del Paleolítico sobre el que sabemos muchas cosas, ya que los arqueólogos han encontrado cabañas, varios enterramientos y entre los objetos fabricados por aquellas personas de centro Europa destacan varias esculturas, lo que no es tan frecuente. Y entre las esculturas, una excepcional, esta cabeza de una mujer esculpida sobre un fragmento de marfil de mamut. Parece que representa a una mujer determinada, ya que tiene unos rasgos peculiares, como es un ojo herido o deformado, con el párpado caído, y con la mejilla izquierda y ese lado del cráneo hinchados. Quizá tenga relación, o quizá no, con el cuerpo hallado en uno de los enterramientos de este lugar que tenía la parte izquierda de la cabeza deformada.

Una de las primeras figuras femeninas descubierta en el siglo XIX es la conocida como Dama de la capucha, hallada en la cueva del Papa en Brassempouy, Francia. Fue también tallada sobre marfil de mamut hace unos 25000 años. Según los investigadores del Museo Nacional de Antigüedades de Francia en la que se encuentra, no se trataría de un retrato individualizado, sino más bien una imagen simbólica de la mujer. En cualquier caso, no deja de sorprendernos esa capucha, o peinado, elaborado y ordenado, que nos habla de un cierto sentido de la estética y del cuidado y protección que se procuraban las personas del pasado.

Una reproducción de esta Dama de Brassempouy se puede contemplar en la exposición “Los tiempos de Altamira” del Museo de Altamira, junto a los objetos paleolíticos usados para confeccionar las vestimentas, como las agujas.

 

 

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