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Primavera en la cueva de Altamira

En la cueva de Altamira nuestros antepasados pintaron y grabaron animales que veían cada día en su entorno y que conocían bien, pero no eran necesariamente los más abundantes ni los más cazados o consumidos. El bisonte es el animal más representativo en el arte de esta cueva que estuvo habitada por cazadores especializados en la caza del ciervo.

MdA Primavera en la cueva de Altamira

En esa zona tan especial de la cueva de Altamira que llamamos Gran Techo de Altamira, o Techo de Polícromos, se conservan más de cien figuras pintadas y grabadas por muy diferentes personas a lo largo de más de veinte mil años, a lo largo del periodo de la Historia en que fuimos cazadores –recolectores.  Entre todas ellas destacan los bisontes, por su tamaño y por su color. Algunos bisontes están pintados y otros sólo grabados, y muchos están representados con las dos técnicas. Pintados con los dos colores del primer arte, el rojo y el negro, o sólo en negro. Apreciamos bisontes presentados con todos los detalles característicos de su anatomía, o con sólo unos pocos trazos que captan la esencia de la silueta inconfundible de un bisonte observado en la distancia en una pradera de hierbas altas. Siempre de perfil, los bisontes fueron representados completos, o sólo la cabeza, tomando la parte por el todo.

En esa acumulación de animales, de alguna manera ordenada, algunas de esas cabezas de bisontes representan terneros. Los terneros se diferencian por la forma de su cabeza, por la ausencia de cuernos, o por tener los cuernos poco desarrollados, y por la mancha blanquecina que rodea sus ojos.

En primavera nacen los terneros de los bisontes, como de tantas especies animales; es el periodo más favorable para su desarrollo. Las hembras alumbran su primer ternero a partir de su tercer o cuarto año de vida, permaneciendo fértiles hasta los veinte años. De media, una hembra produce hasta unos nueve terneros en su vida. Los bisontes en libertad pueden vivir hasta veintisiete años. Estos grandes herbívoros cuentan con pocos depredadores además de los humanos, como son el oso y el lobo.

Atentos a la Naturaleza, la capacidad de observación era imprescindible para aquellas personas de los tiempos de Altamira que formaron una sociedad integrada en los ciclos de la Naturaleza y que desarrollaron un eficaz estilo de vida en estrecha relación con los animales del entorno.

 

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