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Verano en la cueva de Altamira

En la cueva de Altamira podemos contemplar unos veinte bisontes pintados que destacan entre el centenar de imágenes acumuladas a lo largo de veinte mil años en ese espacio especial conocido como Gran Techo de Altamira. Destacan por la viveza de su color rojo y por su tamaño, pintados todos con una técnica muy similar, estos bisontes parecen formar un conjunto en el que son todos diferentes y fueron intencionadamente singularizados, diferenciando hembras y machos, terneros, bisontes jóvenes y bisontes adultos, y en muy diferentes actitudes.

Cueva de Altamira

En Altamira distinguimos un macho adulto, de una gran corpulencia, caracterizado por su papada prominente, en situación vigilante, en alerta. En él podemos identificar al líder de esta manada, y detrás de él y a su alrededor, los bisontes jóvenes. Varios bisontes están tumbados, tanto machos como hembras, durmiendo o rumiando. Otro parece estar a la carrera, otro revolcándose y otro frotándose contra algo, probablemente un árbol que no está representado.

A finales de verano los machos adultos que viven solos durante el resto del año se unen a la manada de hembras y machos jóvenes. Es la época de celo, de agosto a octubre. No son frecuentes los enfrentamientos durante el periodo de celo, ya que los más débiles permanecen normalmente sin luchar. Sólo dos machos con una fuerza equivalente pueden enfrentarse. Los machos de cuatro a seis años son ya sexualmente maduros, pero no participan en la reproducción, porque los machos de más edad no les permiten acercarse a las hembras.

Este conjunto de bisontes rojos de Altamira presentan un retrato del comportamiento de ese imponente animal con el que nuestros antepasados compartieron el territorio, y probablemente mantuvieron una coexistencia pacífica y respetuosa.

El final del verano era una época de cambio para los grupos de cazadores –recolectores. Antes de la llegada del invierno y de los largos meses de nieve, se preparaban para su desplazamiento a otros territorios, cerca de la costa, o las partes bajas de los valles. La cueva de Altamira era un buen lugar para refugiarse, situado a pocos kilómetros de la costa, en una llanura litoral con suficientes recursos naturales, y cerca pequeños bosques y de ríos con abundante pesca.

Continuamos recorriendo el País de Altamira.

 

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